DANIEL ALCIDES CARRION
Carrión fue un estudiante de medicina, del
último año. Venciendo las dificultades propias del medio en el que vivió pudo
diseñar un exitoso experimento científico. Usó su propio organismo para
demostrar que, una enfermedad endémica propia de la región andina, era de
naturaleza infecciosa y transmisible. Murió, el 5 de octubre de 1885, como
consecuencia de la autoinoculación que él conscientemente se practicó.
Carrión nació en un villorio minero de gran
auge. Fue la época de la alucinante riqueza fácil por la búsqueda de la plata y
el oro. Los aventureros, como en California durante el mismo tiempo, fundaron
Cerro de Pasco. Daniel nació como producto de la aventura extra marital de su
padre con una nativa. Él era un blanco, exiliado político que nunca reconoció
su responsabilidad. Ella era una joven adolescente que acompañó a su padre
nativo en la aventura de la prospección minera
Daniel Alcides Carrión bajo a la capital
del Perú, desde 4,000
metros de altitud hasta el nivel del mar, para terminar
su formación. Desafortunadamente para él, Lima por entonces, era el centro de
cambios fundamentales en las ideas sociales y políticas. Para entonces habían
ocurrido los primeros intentos de adaptación de las ideologías foráneas a la
realidad nacional.
Él fue admitido en la facultad de medicina
en 1880, cuando el Perú hacía un año que estuvo envuelto en una guerra, con
Chile. Como resultado de ese conflicto, los puertos del litoral peruano
estuvieron bloqueados. Desde abril de 1879 hasta noviembre de 1883, los médicos
y estudiantes no conocieron las importantes noticias de los descubrimientos de
Pasteur, Koch y otros. Carrión estudió en las más adversas condiciones. Cuando
se firmó la paz, estalló una guerra civil. En esas circunstancias llegaron las
fascinantes noticias de las hazañas de los "cazadores de microbios".
La imaginación de todos, logos y doctores, fue excitada al máximo.
Cuando Daniel, ese estudiante, recibió la
noticia que había un concurso organizado por la prestigiosa Academia Peruana,
para premiar a quien demostrase la causa de la Verruga Peruana ,
una enfermedad endémica circunscrita a los templados valles interandinos y que
producía, ocasionalmente, graves y mortales trastornos. Hasta esos días no se
tenía una idea concreta sobre la naturaleza de esta enfermedad. Inclusive se
llegó a pensar que el origen radicaba en las emanaciones tóxicas del cascajo,
le denominaban "miasmas" usado para la construcción del ferrocarril
central. Por eso a las formas graves de la verruga peruana, le denominaban, por
error, "Fiebre de la Oroya ".
La verruga peruana, es causada por un
germen que sólo ataca a los humanos (Bartonella bacilliformis). Era, y aún lo
es, una de esas situaciones en las que la experimentación tiene que utilizar a
esos mismos humanos. En primer paso para buscar la "etiología", como
quería la ilustre Academia Libre de Medicina, era demostrar su inoculabilidad.
Por eso que usó su propio cuerpo. Como lo están haciendo los modernos
científicos en la febril búsqueda de una vacuna contra el SIDA.
Es un precursor de la nueva bioética, esa
que señala que cuando es indispensable ese tipo de experimentación, el primero
que debe ir por delante es, precisamente, el investigador. Uno de los más
lúcidos panegiristas de Carrión, Lauren K. Altaman, en su libro titulado: Who
Goes First? (The Story of Self Experimentation in Medicine, Random House, N. Y.
1987) dice que él… ejemplifica que el primer voluntario para un experimento en
humanos debe ser el investigador.
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