sábado, 20 de septiembre de 2014

DANIEL ALCIDES CARRION

DANIEL ALCIDES CARRION

(1857-1885)
Carrión fue un estudiante de medicina, del último año. Venciendo las dificultades propias del medio en el que vivió pudo diseñar un exitoso experimento científico. Usó su propio organismo para demostrar que, una enfermedad endémica propia de la región andina, era de naturaleza infecciosa y transmisible. Murió, el 5 de octubre de 1885, como consecuencia de la autoinoculación que él conscientemente se practicó.
Carrión nació en un villorio minero de gran auge. Fue la época de la alucinante riqueza fácil por la búsqueda de la plata y el oro. Los aventureros, como en California durante el mismo tiempo, fundaron Cerro de Pasco. Daniel nació como producto de la aventura extra marital de su padre con una nativa. Él era un blanco, exiliado político que nunca reconoció su responsabilidad. Ella era una joven adolescente que acompañó a su padre nativo en la aventura de la prospección minera
Daniel Alcides Carrión bajo a la capital del Perú, desde 4,000 metros de altitud hasta el nivel del mar, para terminar su formación. Desafortunadamente para él, Lima por entonces, era el centro de cambios fundamentales en las ideas sociales y políticas. Para entonces habían ocurrido los primeros intentos de adaptación de las ideologías foráneas a la realidad nacional.
Él fue admitido en la facultad de medicina en 1880, cuando el Perú hacía un año que estuvo envuelto en una guerra, con Chile. Como resultado de ese conflicto, los puertos del litoral peruano estuvieron bloqueados. Desde abril de 1879 hasta noviembre de 1883, los médicos y estudiantes no conocieron las importantes noticias de los descubrimientos de Pasteur, Koch y otros. Carrión estudió en las más adversas condiciones. Cuando se firmó la paz, estalló una guerra civil. En esas circunstancias llegaron las fascinantes noticias de las hazañas de los "cazadores de microbios". La imaginación de todos, logos y doctores, fue excitada al máximo.
Cuando Daniel, ese estudiante, recibió la noticia que había un concurso organizado por la prestigiosa Academia Peruana, para premiar a quien demostrase la causa de la Verruga Peruana, una enfermedad endémica circunscrita a los templados valles interandinos y que producía, ocasionalmente, graves y mortales trastornos. Hasta esos días no se tenía una idea concreta sobre la naturaleza de esta enfermedad. Inclusive se llegó a pensar que el origen radicaba en las emanaciones tóxicas del cascajo, le denominaban "miasmas" usado para la construcción del ferrocarril central. Por eso a las formas graves de la verruga peruana, le denominaban, por error, "Fiebre de la Oroya".
La verruga peruana, es causada por un germen que sólo ataca a los humanos (Bartonella bacilliformis). Era, y aún lo es, una de esas situaciones en las que la experimentación tiene que utilizar a esos mismos humanos. En primer paso para buscar la "etiología", como quería la ilustre Academia Libre de Medicina, era demostrar su inoculabilidad. Por eso que usó su propio cuerpo. Como lo están haciendo los modernos científicos en la febril búsqueda de una vacuna contra el SIDA.

Es un precursor de la nueva bioética, esa que señala que cuando es indispensable ese tipo de experimentación, el primero que debe ir por delante es, precisamente, el investigador. Uno de los más lúcidos panegiristas de Carrión, Lauren K. Altaman, en su libro titulado: Who Goes First? (The Story of Self Experimentation in Medicine, Random House, N. Y. 1987) dice que él… ejemplifica que el primer voluntario para un experimento en humanos debe ser el investigador.

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